Un delfín queda atrapado por una trampa para cangrejos, barado en la playa, malherido, es encontrado por un niño y llevado a un acuario con equipamento médico..
Debido a sus heridas le amputan la cola, un elemento clave para su supervivencia.
Así que ahí tenemos a ese delfín, Winter, luchando por seguir viviendo mientras sus imágenes en 3D nos bombardean la retina.
Menos mal que un científico decide hacerle una cola ortopédica.
Por supuesto, y para todo aquel que sepa qué es una película inspiracional, basada en hechos reales, el final feliz está a solo a dos horas del principio.
Lo mejor de la película Morgan Freeman (todo es mejor con él, ¿no?) y Winter, que se interpreta a si misma, verla nadar con esa alegría característica de los delfines (cualquiera que quiera a los animales y haya visto documentales ya sabe a qué me refiero) es una gloria para el corazón.
Por lo demás, y cuando Freeman y Winter no están foco, es bastante normalilla, en su género, incluso aburrida.
Winter tiene una página web con cámara, y cada año la visitan miles de personas, muchas de ellas con algún miembro amputado, pues se ha convertido en una inspiración para ellas, y en un símbolo de superación personal y esperanza, y desde luego, cualquiera que la vea nadar y no se conmueva, ¡no tiene corazón!
Puntuación: 5 (la película no es gran cosa, pero al delfín le doy un 10, ja, ja)













