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lunes, 7 de noviembre de 2011

La chica mecánica - Paolo Bacigalupi

Novela ganadora del Hugo a la mejor novela del 2010 (ex aequo junto con The City and the City de China Miéville), además del Nebula y el Locus.
Guau. Todos los premios importantes cienciaficcioneros. Que hay que leerla seguro, vamos.
Pero a la vez, una pátina de escepticismo se impone cuando leo tal recital de galardones en la contraportada. ¿Será verdad? ¿Es tan buena, que un escritor novel con su primera novela publicada, empata nada mas y nada menos, que con Miéville? Y además deja atrás nominados como Robert Charles Wilson (Hugo por Spin y otro buen montón de premios) o Robert J. Sawyer (Hugo por Homínidos y otro buen montón de premios).

Pues sí. Es tan buena.

Bacigalupi nos describe el mundo del siglo XXII, casi post-apocalíptico, que sufre inundaciones por el Calentamiento Global, escasez de recursos energéticos y sus cosechas están devastadas por mutaciones y enfermedades, que han saltado a los humanos, dejando a la población disminuida y agonizante. Las corporaciones alimentarias, fabricantes de calorías las llaman, controlan el ADN de sus productos modificados para resistir las plagas y quien quiera puede tenerlos, por un precio. Lamentablemente la falta de código genético puro, sin infectar, ha reducido los alimentos drásticamente.
Solo Tailandia, cuyas fronteras se encuentran cerradas para los extranjeros, parece estar produciendo frutos extintos. ¿Tendrán los tailandeses una reserva de semillas secreta? Tres hombres se dividen el poder del país, el Somdet Chaopraya (regente de la Reina Niña), el general Pracha jefe del Ministerio del Medio-Ambiente y Akkarat, jefe del Ministerio de Comercio, desarrollándose entre los dos últimos una guerra fría encubierta para desacreditar al otro, que puede desembocar de un momento a otro en una guerra abierta.
Y eso solo es el background.
Anderson Lake busca desesperadamente el secreto de la diversidad en los alimentos en los mercados de Bangkok, para una de las corporaciones todopoderosas occidentales, AgriGen, que pone a su disposición todos sus recursos para hacerlo. Su tapadera, una fábrica de resortes de energía que dirige con la ayuda de su secretario Hock Seng, un tarjeta amarilla, un refugiado chino superviviente de una purga racial y clasista en su país, que medra a duras penas junto con los de su raza, pero siempre en busca de la oportunidad de hacerse con dinero y recuperar su posición de ciudadano de primera clase.
El camino de Lake se cruza con Emiko, bella y delicada, es un neoser, creado por los japoneses para actuar como secretaria y obedecer servilmente, pero su status de objeto ilegal en el país, la ve reducida a mero juguete sexual en un show en un antro de mala muerte. Allí, sin ninguna esperanza de supervivencia, despreciada por todos como un ser artificial sin alma, deberá aprender a dejar atrás sus imposiciones genéticas y renacer a una vida de libertad.
Mientras, el capitán Jaidee, miembro de las camisas blancas, el brazo ejecutor del Ministerio del Medio-Ambiente, no atiende a razones y se extralimita en su celo de proteger el país de comercio exterior no deseado. Sus acciones desencadenan una serie de sucesos en las que todos se verán envueltos de una forma u otra.

Con claras influencias de Philip K. Dick o William Gibson (o Neal Stephenson) o la lírica destructiva de J.G. Ballard, la novela no solo nos muestra un mundo futuro de lo mas creíble, si no que explora los sentimientos, preocupaciones y motivaciones de todos protagonistas, además del choque predecible de culturas.
Una gran novela, de la que he pasado por alto sus defectos (que los tiene, si), y que me ha dejado emocionada (sí he llorado, lo se, soy una blandengue), un derroche de imaginación (a pesar de sus marcadas influencias), llena de detalles y personajes de esos que llenan, por lo menos a mi.